“Naturaleza
La Valdorba incluye una gran diversidad de ecosistemas. Su peculiar situación a caballo entre las estribaciones del prepirineo y las comarcas secas del mediodía navarro le confiere una abundancia de microclimas y parajes de transición que hacen del lugar una zona de gran interés paisajístico, cuya gran cantidad de hábitats propicia, entre otras riquezas, una de las mayores densidades de aves rapaces de Europa.
El territorio está delimitado al norte por las sierras de San Esteban y Alaiz al este y sur por las de Izko, Uzquita y Guerinda. El monte Busquil y una línea de pequeños cerros, en las cercanías de Tafalla, dibujan los márgenes al oeste y suroeste, acercándolo a las tierras de Valdizarbe y Artajona. Las líneas mas altas, a 1.155 metros, pertenecen a la sierra de Alaiz, importante frontera, solo geológica sino bioclimática e incluso administrativa. En el corazón del valle se eleva la sierra de San Pelayo (950 metros), cuya silueta contribuye acrecentar el carácter agreste de unas tierras en las que, descendiendo de bosques o pastos de montaña, no es extraño encontrar cultivos de secano sus laderas y estribaciones más bajas.

La llamada Valdorba llana regala al paseante uno de los paisajes más característicos de la zona, el que componen, alternándose como en un mos pequeñas parcelas de cereal, alguna que otra vid, olivos, almendros, higuer nogales, prados para pasto de ovejas, yeguas o vacas, campos de labor con vegetación en los linderos y las enmarañadas franjas verdes que envuelven arroyos de la modesta red fluvial que drena la cuenca. Conforman ésta pequeños ríos o barrancos, de régimen irregular y elevado estiaje, que alimentan al río Cidacos.
Más característicos de la Valdorba son los carrascales. Extensos y de gran densidad desde Unzué hasta Sánsoain, las encinas forman parte importante del paisaje en los alrededores de Mendívil, Solchaga, Eristáin y Lepuzáin. En su mayoría, los bosques del entorno exhiben la marca del hombre tras cientos de años de intenso manejo, al haber sido tratados en muchos casos como monte bajo para la extracción de leñas, ya que la madera de encina tiene un gran poder calorífico y una muy buena transformación. En Solchaga se fabricaba carbón de forma continua hasta principios del siglo XX y todavía pueden encontrarse, dentro de áreas boscosas, algunos de los círculos llanos donde se localizaban las típicas carboneras.

También para calentar las casas fue utilizada durante siglos la madera de roble. Encajados en las cuestas y sobre terrenos pedregosos donde la agricultura resulta imposible, los montes de roble pubescente y quejigo ocupan una gran extensión en la comarca. Debido la acción de talas, quemas y carboneo, la mayor parte de sus bosques son relativamente jóvenes y existen muy pocos ejemplares de grandes dimensiones, si bien en las cercanías de Echagüe, junto a unas bordas en ruinas, se puede admirar un roble monumental. Para abarcar su tronco milenario son necesarios los brazos de cinco personas. El Corral de Intxusta, en Garinoain, cerca de la muga con Artajona, es otro de los parajes en los que enraizan enormes quejigos.
Aunque son escasos los bosques de pino royo, es frecuente observar en laderas y otras áreas vetustos ejemplares solitarios. Durante cientos de años y hasta bien entrado el siglo XX, no se disponía de otro alumbrado en el valle que no fuese el de los leños enresinados o tiedas, que se extraían a modo de láminas de los troncos de los viejos pinos royos y servían para iluminar las casas y calles en las noches valdorbesas. A la masa existente en Iracheta y el resto de pinos aislados hay que considerarlos autóctonos y de origen natural.
Hayas
En la Valdorba pueden encontrarse incluso hayas, las más meridionales de Navarra. La mayor parte de los hayedos están concentrados en las partes más elevadas de la sierra de Alaiz, por encima de los 900 metros de altitud y prácticamente al límite de la comarca. Pertenecen al término municipal de Unzué, cuya peña (990 metros) es el ³balcón valdorbés². En Leoz, el paraje de la Marquesa, radicado en el concejo de Iracheta, acoge también un pequeño bosque rodeado de robledales y pinares. Se trata de un rodal de gran singularidad desde el punto de vista botánico, al representar el límite de distribución del hayedo en Navarra por su parte sur.
